viernes, 15 de febrero de 2013

Tan conectados


En el mismo galpón húmedo y gris que un talense guarda los zapallos que cosecha se encuentra el servidor que da internet a unos 40 habitantes de la zona. Ya son más de 300 familias del noreste de Canelones las que están conectadas mediante Aurora, una red de conectividad que se hizo posible gracias al trabajo de una decena de voluntarios y una sociedad de fomento rural.

“Hay una historia que explica bien qué es Aurora. Hay un chiquilín que no pudo hacer el liceo porque el padre le pidió que se quedara con él, ayudándolo en el campo”, contó Ignacio Montero, uno de los voluntarios de la Red de Apoyo al Plan Ceibal. “El hijo contestó: ‘perfecto, pero cuando cumpla 18, voy a hacer el liceo y la Universidad’. Y ahora estudia Abogacía. Ese es un caso de repechaje brutal porque el tipo la peleó. Pero, ¿y los que no la pelean?”, se preguntó. “Si les abrís una ventanita al mundo, capaz que les da curiosidad...”.
Esa es una de las mayores motivaciones de la decena de voluntarios del Ceibal: que la instalación de internet en Tala y sus alrededores ayude a los locatarios a tener más oportunidades.
“¿Por qué lo hacemos? Por el derecho de acceso a la información. Cada voluntario tiene sus objetivos: el mío es dejar de lado ese estigma de ser del interior”, dice Montero. Y lo dice con propiedad: se crió en Bella Unión.

Más cerca
Por 2008, los productores rurales de Tala se plantearon mejorar su comunicación interna. La invasión de las ceibalitas sirvió de empuje: al notar que algunas XO no tenían acceso a la web desde sus casas, la Sociedad de Fomento Rural llamó a los voluntarios del Plan Ceibal para solucionarlo. A su vez, querían que el resto de las computadoras de la zona también pudieran conectarse a internet: pretendían abarcar 600 kilómetros cuadrados, un área similar a la del departamento de Montevideo.
Unos diez voluntarios se abocaron a Aurora, que no solo incluyó la conectividad sino también una rápida pero efectiva alfabetización digital para los más grandes. Es que una de las metas era reducir la brecha que se generó con la implementación del Plan Ceibal entre los niños que manejan casi naturalmente sus ceibalitas y los padres que no saben computación, como explica Montero. Los voluntarios, además de alfabetizar digitalmente a la población adulta, formaron técnicos locales.
Aurora ya brinda internet a más de 300 familias canarias –no solo de Tala, también de Migues y Arenales; próximamente llegará a Tapia–. Cada una de las antenas instaladas por el noreste de Canelones da señal a un pequeño número de hogares, pero estos deben navegar teniendo en cuenta que el ancho de banda es compartido.

Conectando…
Cuando Matías Custiel era niño, en su casa no había luz ni agua corriente. Luego de vivir veinte años en Maldonado, volvió a su Ombúes natal donde trabaja como profesor de inglés. “Aurora me permite comunicarme con mis alumnos, bajar materiales, enviarlos por correo, estudiar, descargar audios y videos útiles para las clases”, cuenta. “En este momento, sería muy difícil trabajar si no tuviera acceso a la web”.
Pero Matías no es el único que se vale de Aurora para trabajar.
Alicia González se ríe al confesar que nunca se creyó capaz de manejar una computadora. En su voz se nota una pizca de vergüenza, que desaparece rápidamente cuando prosigue con su historia: aprender informática y conectarse a internet le permitió conocer, in situ, cómo se trabaja el cultivo orgánico de hierbas en otros países, el mismo que la ocupa día a día en Pedernal, a 15 kilómetros de la ciudad de Tala.
Ella es una de las 17 mujeres rurales que se dedican a la producción de hierbas aromáticas y medicinales en la cooperativa Calmañana. Trabajan divididas en tres grupos, separados por unos 30 kilómetros de distancia: unas están en Pedernal, otras en Migues y las restantes entre San Jacinto y Tapia. “El tema de internet –comenta Alicia– es muy importante para mejorar la comunicación entre nosotras: qué pedidos hay desde Montevideo, cómo distribuirlos…”. Fue la llegada de Aurora lo que permitió este acceso, ya que les era imposible conectarse a internet por teléfono: donde viven usan Rurancel, con aparatos inalámbricos. Los módems tampoco tienen suficiente alcance. En otras zonas del noreste de Canelones sí logran conexión, pero la señal es baja y lenta.
Orgullosa, cuenta cómo avanzó la cooperativa Calmañana desde que acceden a internet. “En mi vida lo hubiera soñado, pero junto a otras compañeras tuve la posibilidad de ir a Minnesota a conocer cómo se trabaja en hierbas aromáticas”.
Los viajes por la región son más frecuentes pero no menos  significativos. “Para nosotras es un crecimiento personal muy importante porque la mujer rural, en general, siempre está como aislada; es una gran posibilidad poder abrirnos y ver otras experiencias, y por eso es fundamental la comunicación, porque después seguimos en contacto”.
La pregunta para Alicia es cómo haría para continuar con estos vínculos si no tuviera internet. “Solamente tendría que desplazarme 15 kilómetros hasta Tala para abrir el correo”. Solamente.



Artículo ganador del primer premio del concurso periodístico Historias del Ceibal, publicado originalmente en el portal del Plan Ceibal. 
Fotos: Diego Olivera. 
El artículo fue realizado en agosto de 2012 y publicado en febrero de 2013 por el organizador del concurso.

3 comentarios:

andal13 dijo...

Aplausos por la nota y por el premio. Y ni que hablar de "Aurora", una aparentemente pequeña idea que provocó un cambio enorme en las vidas de estas personas.

Eduardo Duarte dijo...

Felicitaciones a tan notable trabajo !!

Federico Piazze dijo...

Está genial la nota. Es una lástima que por cuestiones reglamentarias no se haya podido extender un poco más, porque realmente da como para hacerlo y desnudar un poco más las falencias del sistema. Hay un ejemplo que no recuerdo con exactitud (pero que está relacionado) de un pueblo donde se entregaron las XO para los niños pero descubrieron que UTE aún no tenía cobertura eléctrica en la zona...

De todos modos, deja en claro que queda algún atisbo de solidaridad en nuestro país y que no es necesario para ello que los medios masivos de TV muestren las lágrimas de los niños de Tala, lástima que tampoco se molesten en entrevistar a estos ejemplos de ser humano que por su propia cuenta intentan parchar los baches, debe ser que no venden...

Da pena, concluyendo, que "Morir en la Capital" de Pablo Estramín siga teniendo una vigencia tan estruendosa...

Me quedo con una frase: «Si les abrís una ventanita al mundo, capaz que les da curiosidad...»

¡Clap! ¡Clap!